V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

Cuándo no es válido el bautismo

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

A finales de febrero, la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe emitió una declaración diciendo que un bautismo administrado “en el nombre del Creador, y del Redentor, y del Santificador”, no es un bautismo válido.

Como el bautismo es el primer sacramento de la iniciación cristiana, el empleo de una fórmula incorrecta tiene repercusiones tremendas sobre la futura vida sacramental de la persona. “Una persona que no ha recibido el bautismo, no puede ser válidamente admitida a los otros sacramentos”, establece el Código de la Ley Canónica (No. 842-1).

A juzgar por comentarios publicados en una reciente edición del periódico Florida Catholic, muchos lectores supusieron –pienso que de manera incorrecta– que esta directiva del Vaticano se refería primordialmente a los bautizados en la Iglesia Católica –por lo general, cuando eran niños.

Es más probable que la declaración del Vaticano surgiera en respuesta a una pregunta formulada por quienes trabajan en el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, puesto que muchas de las personas que desean entrar en la Iglesia durante la Pascua provienen de otras iglesias cristianas.

A menos que exista alguna razón para creer lo contrario, la Iglesia Católica acepta el bautismo de estas personas como válido. Es por esto que empleamos el término candidatos –no catecúmenos– para referirnos a los que han sido bautizados dentro de una de las denominaciones cristianas. Es por esto que esas personas no son “rebautizadas” durante la vigilia de Pascua, sino que simplemente se les pide que hagan una profesión de fe antes de recibir los otros dos sacramentos de iniciación: la comunión y la confirmación.

La mayor parte de las principales denominaciones cristianas emplean la fórmula bautismal que fue recibida por los apóstoles, y que aparece al final del Evangelio de Mateo: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28: 19).

Siempre que se emplee esta fórmula junto con el agua –ya sea rociándola o por inmersión–, la Iglesia Católica acepta como válido el bautismo de otras iglesias cristianas, toda vez que la persona que administró el bautismo tuviera la intención de hacer lo que la Iglesia hace cuando bautiza.

El uso de diferentes palabras, sin embargo, es un problema, puesto que “así como oramos, así creemos”. La fórmula de género neutro mencionada al comienzo de este artículo disminuye, en realidad, el vasto misterio de la Trinidad, que definimos como “tres Personas en un solo Dios”.

En efecto, Dios es Creador, pero es mucho más que eso. Es el Padre de Jesús, quien, tal como nos lo dice el Evangelio de Juan, era y estaba “en el principio”. Y tal como lo repetimos cada domingo en el Credo, Jesús no es sólo el Redentor, sino “Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre, por quien todas las cosas fueron hechas”. También el Espíritu Santo es mucho más que el Santificador: es “el Señor, el Dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo; con el Padre y el Hijo se le rinde culto y es glorificado, y ha hablado a través de los profetas”.

Reducir este misterio inefable a tres “funciones” en un solo Dios, es disminuir la fe que nos fue entregada por los apóstoles. Por lo tanto, las personas que son “bautizadas” mediante esta fórmula, no están bautizadas.

La gran mayoría de los católicos, sin embargo, no debe preocuparse acerca de la validez de su bautismo, pues todos los sacerdotes son conscientes de lo que establece la ley canónica: “Al celebrar los sacramentos, los libros litúrgicos aprobados por la autoridad competente deben observarse fielmente; consiguientemente, nadie puede añadir, omitir o alterar nada en ellos sobre la base de su propia autoridad” (No. 846.1).