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Consejos de Amigo
Es mejor acercarse a una iglesia con fuertes raíces.
Querido Padre Alberto:
Tengo 20 años y soy estudiante en tercer año de la universidad.
Le escribo porque tengo muchas dudas sobre mi fe y la religión,
en general. Hace unos días lo vi en un programa de televisión.
Yo estaba cuidando a una amiga que estaba enferma y me llamó la
atención con la pasión que usted estaba hablando, eso me impulsó
a hacerle esta carta.
En los últimos tiempos me he alejado mucho de Dios, por motivos
que no son de gran importancia, yo diría que es como una apatía
que siento.
Mi amiga, que está enferma y a la que quiero como a una hermana,
hace unos meses se cambió de religión. La iglesia donde asiste
no es católica. Nunca he oído hablar de esa nueva iglesia a
donde va.
Toda mi vida fui educada dentro de la fe católica; mi amiga no
me habla para que cambie de religión, pero yo siento gran
admiración por la forma en que estudian la Biblia y es
fascinante las cosas hermosas que hacen.
Muchas veces tengo ganas de convertirme con ellos, pero otras
no, estoy muy desorientada espiritualmente.
¡Por favor, ayúdeme!
Soledad,
desorientada espiritualmente
Estimada Soledad:
Siempre se escuchan estadísticas; incluso recientemente tuvimos
una encuesta en Estados Unidos, muy reveladora, que indica que
muchos “católicos” abandonan su fe cada año para unirse a las
“nuevas iglesias”. Esta realidad, al igual que casi todo lo que
queremos entender en la vida, hay que tratar de analizarla desde
varios ángulos.
Los “católicos” que abandonan su iglesia (y no sólo católicos,
sino también muchos hermanos protestantes de las denominaciones
históricas de la reforma) no son parte de la minoría que
practica su fe con regularidad. Muchas son personas que caen en
la categoría de unchurched. O sea, abundan los individuos
que quizás fueron bautizados, pero no han practicado su fe con
fidelidad durante gran parte de sus vidas. Gran parte de la
población cae en esta categoría. En los últimos 10 años, dicen
que el número de personas en esta categoría ha aumentado en un
92 por ciento –de 39 millones a más de 76 millones. ¿Eran todas
esas personas prácticas en sus iglesias católicas,
presbiterianas, luteranas, bautistas, episcopales, ortodoxas,
etc.? No lo creo.
La solución, para las personas que sienten lo que estás
sintiendo tú, es que se acerquen a su iglesia, estudien y
conozcan su fe, antes de visitar iglesias que no tienen raíces,
ni fuertes vínculos con el cristianismo histórico de 2,000 años.
Me preocupa que ahora, para creer y practicar la fe, necesitemos
iglesias entretenidas, independientes e inmensas, para ser
“verdaderos cristianos”. La motivación y la inspiración se
recibe donde uno abra su corazón a Cristo –y no por el
predicador ni por el tamaño de la iglesia.
Un abrazo,
Padre Alberto
El
Rev. P.
Alberto
Cutié
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