R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

6 de abril de 2008
3er. Domingo de Pascua (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según San Lucas 24:13-35 Aquel mismo día, el primero de la semana, dos discípulos de Jesús iban de camino a un pueblito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía reconocerlo.* Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino” Ellos se detuvieron, con la cara triste. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: “¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?” “¿Qué pasó?”, preguntó Jesús… Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, él aparentó seguir adelante. Pero ellos le insistieron, diciéndole: “Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día”. Entró entonces para quedarse con ellos. Una vez que estuvo a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido. Se dijeron uno al otro: “¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y en ese mismo momento se levantaron para volver a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Estos les dijeron: “¡Es verdad! El Señor resucitó y se dejó ver por Simón”. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.**

*Una manera de hablar de la ceguera espiritual.
**El nombre primitivo de la Eucaristía.

Comentario breve:
Aunque la tradición los llama “los peregrinos de Emaús”, estos dos discípulos sencillamente volvían a su casa y a su trabajo, después de que habían muerto sus esperanzas. Peregrino fue el pueblo judío, porque nunca tuvo posibilidad de detenerse en su marcha. Peregrinos eran Cleofás y su compañero, porque habían seguido a Jesús pensando que él era el que libertaría a Israel. Pero al final no hubo más que la muerte de Jesús. Jesús se les acerca y se interesa por ellos. No juzga, no se hace el importante, sino que les da la oportunidad de contarle su historia. Aunque los corazones de los dos amigos “ardían” a medida que Jesús les enseñaba, no lo reconocieron hasta que compartieron una cena.

Hoy, cuando celebramos la Eucaristía, hacemos lo mismo que hizo Jesús con los dos discípulos: primero leyó e interpretó las Escrituras; y luego “tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio”; con estas cuatro palabras los creyentes hablaban de la Eucaristía. Lucas usa los verbos “ver” y “reconocer” para comunicarnos que después de la resurrección Jesús ya no podía ser reconocido con los ojos del cuerpo. Pero es con esta nueva mirada, con esta luz de la fe, que lo reconocemos presente y actuando en nosotros y alrededor nuestro.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Al igual que hoy, esta cena comenzó con las Escrituras leídas y comentadas, y continuó con el pan consagrado y compartido. Es en ese momento que se cumple el misterio de la fe: “sus ojos lo reconocieron”.

  • La experiencia del Señor resucitado no se puede contener. Debe ser compartida.

  • La predicación de los apóstoles acerca de la resurrección se fundó en dos hechos: la tumba vacía y las apariciones.

Para la reflexión:

  1. ¿He sentido alguna vez a Jesús caminando conmigo en medio de mis problemas? ¿Cómo me di cuenta de su presencia?

  2. ¿Ayudo a los demás a reconocer a Jesús que camina con ellos cada día, especialmente en tiempos difíciles?


13 de abril de 2008

4º Domingo de Pascua (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según San Juan 10:1-10 En aquel tiempo, dijo Jesús: “En verdad les digo, quien no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es un ladrón y un salteador. Pero el pastor de las ovejas entra por la puerta. El cuidador le abre, y las ovejas escuchan su voz: llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera del corral. Cuando ha sacado a todas las que son suyas, va caminando al frente de ellas, y lo siguen porque conocen su voz. A otro no lo seguirán: más bien huirán de él porque desconocen la voz del extraño”. Jesús propuso esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Jesús tomó entonces de nuevo la palabra: “En verdad les digo, yo soy la puerta para las ovejas. Todos los que se presentaron antes que yo son ladrones y malhechores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la Puerta: el que entra por mí está a salvo, circula libremente y encuentra alimento. El ladrón entra solamente a robar, a matar y a destruir. Yo, en cambio, vine para que tengan vida y encuentren la plenitud”.

Comentario breve:
El capítulo 10 del Evangelio de Juan se conoce como el discurso del Buen Pastor y acontece durante Hanukkah, la fiesta judía que celebra la dedicación del Templo. Una de las lecturas principales de este día era tomada del libro de Ezequiel (34), donde el profeta condena a los falsos pastores de Israel. El concepto de pastor es muy común en el Antiguo Testamento. Abrahám, David y Amós fueron pastores, no sólo por su labor en los campos, sino porque todos habían sido llamados por Dios para guiar al pueblo. El Antiguo Testamento anunciaba que Dios, el Pastor, vendría a reunir a las ovejas dispersas de su pueblo, para que vivieran seguras en su tierra. Jesús es el Pastor, pero no actúa en la forma esperada. Los judíos creían que el Pastor les devolvería la posición de pueblo privilegiado entre las demás naciones. Jesús habló de traer ovejas de otros rebaños, es decir de otras naciones no judías, para entonces ponerse al frente de todas. Así como los pastores buscan a sus ovejas cuando el rebaño se disgrega, Jesús, el Buen Pastor, busca a aquellos que están perdidos.

Este relato aparece a continuación de la historia del ciego de nacimiento, en el capítulo 9, la cual concluye con un ataque a los fariseos. En esa ocasión, los fariseos no reconocieron a Jesús, pero el pueblo, simbolizado por el ciego, sí lo reconoció. La lectura de hoy continúa este ataque a los pastores “ciegos” de Israel.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús revela a un Dios bueno y amoroso, no a un ladrón que roba y destruye.

  • Jesús promete que todos los que escuchen su voz y la sigan tendrán vida y encontrarán la plenitud.

  • Jesús protege al rebaño, evitando que sea asaltado por malhechores.

Para la reflexión:

  1. ¿Quién es Dios para mí? ¿Es el Buen Pastor o el ladrón?

  2. ¿Cómo entiendo esta plenitud de vida que Jesús me ofrece? ¿La veo como una vida sin sufrimientos ni tristezas?

 
20 de abril de 2008

5o Domingo de Pascua (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según San Juan 14:1-12 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “No se turben. Ustedes confían en Dios: confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar? Después que yo haya ido a prepararles un lugar, volveré a buscarlos para que donde yo estoy, estén también ustedes. Para ir donde voy, ustedes saben el camino”. Tomás le dijo; “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?” Jesús contestó: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, también conocerían al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto”. Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús respondió: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí. Créanme: Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras. En verdad, el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago, y aun hará cosas mayores que éstas, pues ahora me toca irme al Padre”.

Comentario breve:
A continuación del lavado de los pies, Juan pone tres discursos de despedida de Jesús a sus apóstoles. Estos, que convivieron con él durante varios meses, deben dar ahora un paso para descubrir otra manera de convivir con Jesús resucitado y presente, pero invisible. Hoy leemos el primero de estos discursos. Al ir Jesús donde el Padre, no realiza una hazaña individual, sino que nos abre el camino a nuestra Casa, la cual no se sitúa muy arriba de nosotros, sino en Dios. Yo soy el camino, dice Jesús, en mí verán al Padre. Cristo nos hace entrar a la familia divina. No hablemos, pues, de acercarnos a Dios, como si estuviera lejos de nosotros. Dios está siempre con nosotros.

Esta lectura nos prepara para celebrar la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Los primeros cristianos creían que el regreso de Jesús, la Parusía, era inminente. Esta creencia estaba basada en la promesa de Jesús de volver a ellos. Juan, que escribe su Evangelio en los años 90s, lo explica de un modo diferente: Cristo, quien es el camino, la verdad, y la vida, regresará a ellos a través del Espíritu Santo. Para Juan, ésta es la Parusía que cuenta. Debido a esta certeza de que Cristo está con ellos, los discípulos no necesitan preocuparse o afanarse por nada. Jesús insiste en la necesidad de la fe asegurándoles que se va para prepararles un lugar y que regresará por ellos. ¡No hay nada que temer!

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús le responde a Tomás que la esperanza no radica en un método, sino en una persona: Jesús es el camino.

  • La respuesta de Jesús a Felipe señala su perfecta unión con el Padre.

  • Tomás y Felipe son ejemplos de la dificultad que tienen los discípulos en entender las palabras de Jesús antes de Pentecostés.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué turba mi corazón hoy? ¿En qué áreas de mi vida necesito mayor fe?

  2. ¿Soy como Felipe pidiendo teofanías, es decir, manifestaciones de Dios? Explica.


27 de abril de 2008
6o Domingo de Pascua (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según San Juan 14:15-21 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Defensor* que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen porque permanece con ustedes y estará con ustedes. No los dejaré huérfanos, sino que vengo a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes me verán, por que yo vivo, y ustedes también vivirán. En este día ustedes comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí, y yo en ustedes. El que conoce mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama a mí, y yo también lo amaré y me mostraré a él”.

*Del griego Paráclito, intercesor, defensor.

Comentario breve:
Jesús continúa su discurso de despedida prometiendo enviar otro Defensor: se refiere al Espíritu Santo. El Espíritu Santo guía a los creyentes e inspira su oración para que sea escuchada. El Espíritu también nos hace comprender e interpretar para cada tiempo las palabras de Jesús. Jesús quiso decir que se daría a conocer mediante su Espíritu. Cuando Juan escribió su Evangelio en los años 90, ya la Iglesia había experimentado la venida y la presencia del Espíritu Santo en Pentecostés. La lectura de hoy nos recuerda que el amor es el fundamento de la vida cristiana. Juan ve a Jesús como el primer Defensor, que al irse, enviará otro. Por eso los apóstoles, que lo vieron hombre entre los hombres en el tiempo de su humillación voluntaria, deben alegrarse de su partida. El Espíritu Santo procede del Padre que es la fuente única, pero el Hijo no nos lo da como si sólo transmitiera algo recibido: es su propio Espíritu. Este Defensor no “caminará entre nosotros”, sino que “habitará en nosotros”.

Los primeros cristianos esperaban el pronto regreso de Jesús (Parousia) como Jesús lo había prometido. Juan explica esta promesa de un modo diferente: Cristo es el camino y regresará a ellos a través del Espíritu Santo. Para Juan, esta es la única Parousia que cuenta: la vida de Dios en nuestro interior.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • La morada que Jesús le prometió a sus discípulos (versículo 2) no está “allá arriba en las alturas”, sino dentro de los propios creyentes (versículos 20-21

  • A través del Espíritu Santo, Dios se revela a los seguidores de Jesús.

  • Jesús prometió que el Espíritu Santo estaría siempre con sus seguidores, guiándonos y animándonos.

Para la reflexión:

  1. ¿Cómo impacta mi vida la presencia del Espíritu Santo que habita en mí?

  2. ¿Cómo puedo contribuir a que otros descubran esa presencia en ellos? ¿Lo podrán lograr si yo no les muestro respeto y amor?