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Cómo mantener a sus hijos lo más seguros posible
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Ser padre nunca ha sido fácil, pero no puedo dejar de pensar que
la tarea es mucho más dura hoy.
La época en que las madres se quedaban en la casa con sus hijos,
es cosa del pasado. La mayoría de los niños crece ahora en casas
donde ambos padres deben trabajar para sostener a la familia, si
es que tienen la suerte de contar con ambos padres, pues muchas
familias están al cuidado de una madre sola, que tiene que
luchar arduamente para darles de comer.
Ya sean viudos, divorciados o casados, la mayoría de los padres
se enfrentan a la difícil tarea de encontrar a alguien que se
ocupe de sus hijos mientras ellos trabajan. Los más afortunados
pueden contar con parientes o con abuelos, si viven cerca. Pero
muchos padres tienen que dejar a sus hijos en guarderías diurnas
o con niñeras, al menos hasta que los niños estén en edad
preescolar.
Y una vez que van a la escuela, surge el problema de qué hacer
con los niños durante las prolongadas vacaciones de verano. Si
la solución es algún tipo de campamento de verano, ya sea fuera
del lugar donde viven o durante todo el día, esto trae, a su vez,
sus propios problemas. ¿Quién se va a hacer cargo de los niños
en el campamento? ¿Estarán seguros? ¿Los consejeros estarán
capacitados para prestar, al menos, primeros auxilios? ¿Los
habrán sometido a una verificación de antecedentes penales?
Los padres que no pueden costear un campamento de verano,
encaran otros problemas, el mayor de los cuales es el de decidir
a qué edad –en esta sociedad plagada de crímenes– resulta seguro
dejar a los niños solos en la casa.
Y después viene el cuchillo de doble filo de los avances
tecnológicos: la televisión, los vídeojuegos, los teléfonos
celulares, el sistema de recados instantáneos y la Internet son
útiles instrumentos de aprendizaje, de entretenimiento y de
comunicación. Pero la televisión y los vídeojuegos, usados en
exceso, son dañinos para el desarrollo mental y psíquico de los
niños. Y en cuanto a los mensajes de texto y la Internet, no hay
nada en este mundo que no pueda emplearse para el mal.
Los titulares de la prensa nos recuerdan todos los días los
peligros de dejar a los niños, y especialmente a los
adolescentes, en libertad de visitar los “salones de charla” y
los demás sitios de interacción social de la Internet.
Algunos chicos emplean estos sitios para difundir habladurías y
desprestigiar a sus condiscípulos. Algunos exponen fotos y
vídeos absolutamente inapropiados. Mientras tanto, los
depredadores son libres de merodear por estos sitios en busca de
futuras víctimas a las cuales atraer.
Algunos padres pueden sucumbir ante un falso sentido de
seguridad, pensando que ningún daño les puede ocurrir a sus
hijos mientras la comunicación entre éstos y los extraños sea
estrictamente “virtual”. Pero los depredadores tienen maneras de
atraer a los niños a encuentros cara a cara, y palabras que, al
relumbrar en el monitor de una computadora, pueden ser más
estimulantes que la emoción de una competencia deportiva.
Para empeorar las cosas, la mayoría de los niños tiene más
habilidades tecnológicas que sus padres, y pueden burlar las
restricciones que éstos establecen para protegerlos de los
peligros de la Internet.
¿Qué pueden hacer los padres, o los abuelos?
Algo que los puede ayudar es un programa de la Arquidiócesis
llamado Protecting God’s Children (“Para proteger a los
hijos de Dios”). Este programa es parte de Virtus, un
programa nacional concebido por compañías de seguros en
respuesta a la crisis de abusos sexuales dentro de la Iglesia
Católica.
Protecting God’s Children
es obligatorio para los empleados arquidiocesanos, ya sean
sacerdotes, religiosos o laicos, y para todos los voluntarios de
las escuelas o instituciones de la Arquidiócesis. Pero
Protecting God’s Children está abierto para todas las
personas de nuestras parroquias, e incluso para las que no sean
católicas. El objetivo del programa es ayudar a los adultos a
detectar las señales de un potencial abuso sexual, para que
puedan mantener seguros a sus hijos.
Para inscribirse en una sesión de tres horas de Protecting
God’s Children, del programa Virtus, llame a Jan
Rayburn, coordinadora de Virtus, al 305-762-1250, o envíele un
correo electrónico a
jrayburn@theadom.org
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