Giuseppe Torelli: Artífice del concerto grosso

 Jesús Vega

Entre las numerosas efemérides del mundo de la música “clásica” que celebramos este año 2008, figura el 250º aniversario del nacimiento de uno de los más prestigiosos maestros del barroco italiano (de cuyo fallecimiento, por cierto, se conmemorarán tres siglos el próximo año), recordado por sus numerosos aportes a la música instrumental de la época.

Giuseppe Torelli (Verona, 22 de abril de 1658-Boloña, 8 de febrero de 1709), se destacó por sus múltiples dones como violista, violinista, pedagogo y compositor, y tuvo entre sus discípulos más reconocidos a Francesco Manfredini. Aunque se desconocen los nombres de sus primeros maestros de violín, se especula que fue alumno de Leonardo Brugnoli o Bartolomeo Laurenti, aunque sí está comprobado que estudió composición con Giacomo Antonio Perti.

 Giuseppe Torelli

En junio de 1684, a los 26 años, Torelli se incorporó a la prestigiosa Accademia Filarmonica en calidad de suonatore di violino (violinista). Y fue tan productivo su desempeño en la agrupación, y tanta experiencia acumuló en la misma, que en el año 1697 había ascendido a la categoría de maestro di concerto en la corte de Jorge Federico II, Margrave de Brandenburgo-Ansbach, donde estuvo al frente de la orquesta en un acontecimiento histórico: la interpretación de Le pazzie d’amore e dell’interesse (“La locura del amor y el interés”), idea dramática compuesta por el maestro de capilla de la orquesta, el castrato Francesco Antonio Pistocchi, antes de viajar a Viena en diciembre de 1699, dejando tras de sí una breve pero meritoria carrera en la corte.

Aunque Torelli permaneció por algún tiempo en Viena, decidió regresar a Boloña en 1701. Sus biógrafos atribuyen la brevedad de sus estancias en el extranjero a una hipocondría progresiva, que se agudizaba enormemente cada vez que viajaba. Su regreso a Boloña implicó su incorporación a la capilla musical de San Petronio, que acababa de reformarse a iniciativa de su antiguo maestro, Giacomo Antonio Perti, y donde trabajó hasta su fallecimiento. A principios de 1700 organizó numerosos conciertos junto a Francesco Antonio Pistocchi, que les reportaron apreciables ingresos a ambos músicos.

Al igual que ocurre con los primeros años de su carrera, poco se sabe acerca de Torelli durante la última parte de su vida, con la excepción de que, debido probablemente al recrudecimiento de su dolencia, su creación fue limitada. Su única obra significativa en esta década fueron los 12 Concerti grossi con una pastorale, Op. 8, los cuales cuentan con una de las piezas que le hicieron merecedor de gran popularidad: el “Concierto de Navidad Nro. 6”.

Sin embargo, Torelli dejó a su muerte siete colecciones de conciertos, sinfonías y sonatas en estricto orden cronológico, obras entre las que se destacan sus treinta conciertos para trompeta, otro de los rasgos distintivos que lo caracterizan como el compositor barroco más prolífico de piezas para este instrumento. Gracias a esa cronología se puede seguir su transición del estilo bastante convencional de sus primeros conciertos y sonatas, orientados hacia el formato de cámara, a los esfuerzos más amplios y sólidos que florecieron finalmente en los 12 Concerti musicali, compuestos con mayor virtuosismo y habilidad que los anteriores, otorgándole a los ritornellos un sitio más prominente; y los 12 Concerti grossi con una pastorale, mencionados anteriormente, donde Torelli logra un absoluto dominio de la estructura, y el equilibrio crucial del papel de los solistas y de la orquesta.

Y precisamente en las dos obras anteriores reside parte del principal aporte de Torelli a la historia de la música barroca: el concierto con solista y el concerto grosso tienen en él a uno de sus principales artífices. Torelli aplicó a los conciertos instrumentales la forma de tres movimientos (allegro, adagio, allegro) utilizada por Alessandro Scarlatti, y fue uno de los principales promotores del concerto grosso, cuya invención suele atribuírsele a Arcangelo Corelli. Si bien no podemos considerarlo como el padre de estas formas musicales, sería una gran injusticia ignorar su decisiva contribución a la conformación de los rasgos que las caracterizan, elevados posteriormente al máximo nivel de magnificencia y virtuosismo por Antonio Vivaldi, y perfeccionados hasta el más mínimo detalle por el maestro de maestros: Juan Sebastián Bach.

Crítico independiente.
djvega@bellsouth.net