R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

1o de junio de 2008
9
o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 7:21-27 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. Entonces yo les diré claramente: ‘Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal!’ Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: ‘aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca’. Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre”.

 

Comentario breve:
El texto de hoy concluye la versión del Sermón de la Montana según san Mateo. Aquí Jesús explica lo que implica hacer la voluntad de su Padre. “En aquél día” se refiere al día del Juicio Final. Jesús aclara que para entrar al Reino es necesario hacer la voluntad del Padre, no ofrecer sacrificios ni ritos externos. Es probable que, al referirse a estas personas, Mateo este pensando en profetas carismáticos que siembran el desorden en sus comunidades y se dispensan de obedecer las reglas comunes. Ya sea que enseñemos o hagamos milagros, estos dones o ministerios son para bien de la comunidad y no significan que vivimos en gracia de Dios. La fe que nos salva obra mediante el amor (Gál 5,6) y nos hace cumplir la Ley (Stgo 2,8).

Jesús usa la imagen de la casa construida en la roca y la otra sobre la arena para contrastar la fe de sus verdaderos seguidores con la inconstancia de los que no perseveran. Los que se han convertido, y con esto ya se creen salvados, deben aprovechan el tiempo del primer entusiasmo para construir su vida con esos cimientos necesarios que son la meditación bíblica, el desprendimiento, la lucha contra sus tendencias malas y la vivencia de la comunidad cristiana.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús invita a sus seguidores a construir sus casas sobre cimientos fuertes escuchando sus palabras y poniéndolas en práctica.

  • Jesús interpreta la ley de un modo mas riguroso, esperando mas de sus seguidores.

  • Una de las maneras de construir nuestra casa sobre una roca hoy es protegiendo la Creación y cuidando de la Tierra.

Para la reflexión:

  1. ¿De qué formas concretas estoy ayudando a proteger la Creación de Dios? Explica.

  2. ¿Cuándo he exclamado: Señor, Señor, pero sin hacer la voluntad de Dios?


8 de junio de 2008
10º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 9:9-13 En aquel tiempo, Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo*, en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: “Ven”. Mateo, levantándose, lo siguió. Estando Jesús comiendo en casa de Mateo vinieron muchos cobradores de impuestos y otros pecadores y se sentaron a la mesa con sus discípulos. Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Pero Jesús los oyó y dijo: “Los sanos no necesitan del médico, sino los enfermos. Aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Más me gusta la compasión que el culto’. Pues no vine a llamar a hombres perfectos sino a pecadores”.

*Los estudiosos opinan que Mateo, el cobrador de impuestos, no fue el autor final de este evangelio.
 

Comentario breve:
En tiempo de Jesús, los judíos menospreciaban a los cobradores de impuestos porque estos colaboraban con las autoridades romanas y la mayoría de las veces exigían del pueblo más dinero del que en realidad debían. En varias ocasiones, Jesús escandalizó a los fariseos al sentarse a cenar con cobradores de impuestos y pecadores. Los judíos piadosos consideraban a estas personas impuras y su presencia no era aceptada alrededor de la mesa.

El mensaje de Jesús fue radical, pero no nuevo. El conectó sus palabras con las Escrituras Hebreas al citar al profeta Oseas 6:6, al cual escuchamos hoy en la primera lectura: “Más me gusta la compasión que el culto”. Jesús no tiró la ley por el suelo, sino que trató de explicar su sentido más profundo a quienes lo escuchaban. Si la misericordia y la compasión eran más importantes que los sacrificios ante los ojos de Dios, ¿cuánto más importante sería la misericordia que los rituales?

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los discípulos de Jesús deben acoger a toda clase de personas.

  • Jesús demuestra un cuidado especial por los descarriados y los enfermos que eran excluidos del banquete. Este es un mensaje consolador.

  • Dios prefiere la misericordia antes que el culto, los sacrificios o las prácticas piadosas.

Para la reflexión:

  1. ¿Quiénes son las personas con las que no me gusta asociarme (mis “cobradores de impuestos”)? ¿Hay alguien con quien deba “compartir una comida”?

  2. ¿Es la misericordia la que guía todas mis obras? ¿Necesito mejorar algo?

 
15 de junio de 2008

11er. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 9:36-10:8 Viendo Jesús el gentío, se compadeció porque estaban cansados y decaídos, como ovejas sin pastor. Dijo entonces a sus discípulos: “La cosecha es grande y pocos los obreros. Por eso rueguen al dueño de la siembra que mande obreros para hacer la cosecha”. Jesús, pues, llamó a sus doce apóstoles: primero, Simón, llamado Pedro, Andrés, su hermano; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano*; Santiago, hijo de Alfeo; Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el que lo traicionó. Estos son los Doce que Jesús envió con las instrucciones siguientes: “No vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades de los samaritanos, sino que primero vayan en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Mientras vayan caminando, proclamen que el Reino de Dios está cerca. Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Den gratuitamente, puesto que recibieron gratuitamente”.

*Cobrador de impuestos.

Comentario breve:
El Evangelio según Mateo no incluye el relato de cómo los discípulos fueron llamados. Esto se debe a que él asumía que todos lo conocían. Es en este pasaje donde los Doce se llaman apóstoles, que quiere decir “enviados”. Mateo escribió para una comunidad compuesta por judíos cristianos, por tanto es importante que mencione a los Doce como símbolo de las doce tribus de Israel. Por el mismo motivo, no nos debe sorprender que Mateo describa la misión de los apóstoles como ir en busca “de las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Estas palabras reflejan también las dudas de las primeras comunidades judeocristianas sobre si incluir o no a los gentiles en la misión de la Iglesia.

Mateo usó dos ejemplos fabulosos para indicar que el discipulado siempre conlleva la misión: la gente está cansada y decaída, como ovejas sin pastor, y la cosecha necesita obreros.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús le responde a Tomás que la esperanza no radica en un método, sino en una persona: Jesús es el camino.

  • La respuesta de Jesús a Felipe señala su perfecta unión con el Padre.

  • Tomás y Felipe son ejemplos de la dificultad que tienen los discípulos en entender las palabras de Jesús antes de Pentecostés.

Para la reflexión:

  1. El seguimiento de Jesús siempre lleva a la misión.

  2. Jesús exhorta a sus discípulos a continuar su misión proclamando el Reino de Dios y aliviando el dolor de los enfermos.
  3. De la misma manera que los discípulos recibieron sus dones gratuitamente, deben compartirlos también gratuitamente.


22 de junio de 2008
12º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del Evangelio según san Mateo 10:26-33 En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No teman a los hombres. Lo escondido tiene que descubrirse, y lo oculto tiene que saberse. Así, pues, lo que les digo a oscuras, repítanlo a la luz del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo desde los techos de las casas. No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede echar el alma y el cuerpo al infierno*. ¿No es cierto que dos pajaritos se venden en unos centavos? Y, sin embargo, no cae a tierra ni uno solo, si no lo permite el Padre. Entonces no teman, pues hasta los cabellos de sus cabezas están contados: con todo, ustedes valen más que los pajaritos. Al que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos; y a los que me nieguen delante de los hombres, yo también los negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Gehenna: un barranco al sur de Jerusalén donde en la antigüedad se ofrecían sacrificios humanos a los dioses paganos, y en tiempos posteriores se quemaba la basura. Su fuego constante se convirtió en un símbolo de los tormentos que aguardan a los malvados. Las palabras de Jesús se basan en la descripción del Antiguo Testamento de la gehenna con sus inmundicias y su fuego continuo. (Comentario Bíblico San Jerónimo)
 

Comentario breve:
Como ya sabemos, la comunidad para la que Mateo escribió estaba formada predominantemente por judíos cristianos, para quienes Jesús representaba la consumación del Antiguo Testamento. Mateo dividió su evangelio en cinco sermones que representaban los cinco libros de Moisés (el Pentateuco). Según Mateo, Jesús era el nuevo Moisés, el proclamador de la nueva ley, el Maestro. Cuando Mateo escribió su evangelio, alrededor del año 85 d.C., los cristianos eran cruelmente perseguidos y, ante los peligros, algunos perdían su fe. En el texto de hoy, la frase: “No teman” aparece tres veces. Con estas palabras Jesús animó a los discípulos y atacó los miedos que podrían causar que ellos abandonaran su misión. El Maestro les aseguró que sus perseguidores podrían matar el cuerpo, pero nunca el alma. La venida del Reino de Dios era inevitable y los discípulos no podían permitir que el miedo los paralizara. Somos cobardes y Jesús lo sabe. Ya dijo: No teman, cuando invitaba a no buscar la seguridad del dinero. Ahora, tratándose del miedo a las medidas de represión, añade: Piensen dónde está la mayor amenaza, con Dios o con los hombres. Este es el único lugar donde Jesús dice: Teman a Dios. Dios no nos amenaza con echarnos al infierno; más bien nos recuerda que perderlo a él es perdernos a nosotros mismos.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El miedo no debe impedir que proclamemos el evangelio con todas sus exigencias.

  • Jesús promete que nunca estaremos solos cuando luchemos por hacer lo que es bueno y correcto.

  • Jesús no habla únicamente de aceptarlo a él; sus palabras se aplican también a las exigencias de todos los días. No debemos avergonzarnos de actuar o de hablar como creyentes.

Para la reflexión:

  1. ¿Cuáles son los miedos que no me dejan compartir el mensaje del evangelio? ¿Las burlas, las críticas, la pérdida de un trabajo, el rechazo, etc.?

  2. ¿Me he comportado alguna vez inadecuadamente porque: “todo el mundo lo hace”, o, “nadie se va a enterar”?