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El Miami cosmopolita: Reto pastoral

Foto Archivo LVC
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P.
Eduardo M. Barrios, SJ |
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Desde que los españoles colonizaron la península bautizada como
La Florida, nunca la población ha sido étnicamente monolítica. Y
la Iglesia siempre ha querido responder a la diversidad, algo
muy “católico”.
Por no comenzar ab ovo, quedémonos sólo con la situación
pastoral a partir del siglo XX. Por largo tiempo el único obispo
de la Florida, el de St. Augustine, buscó solución a la falta de
clero acudiendo a Irlanda, fecunda en vocaciones. Pero a partir
de 1952, apeló a la no menos prolífica España. Comenzaron a
llegar sacerdotes de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal
Hispano-Americana). Yo tuve la dicha de conocer personalmente en
su vejez al primero, el bilbaino P. Altonaga, todo un santo
misionero. Con el tiempo sumarían sesenta los diocesanos
españoles.
Miami surge como diócesis en 1958. Estamos, por tanto,
celebrando su cincuentenario. El primer obispo, Coleman F.
Carroll, prelado de gran empuje, comenzó por construir el
seminario menor en 1959, y el mayor en 1963. En cinco años
duplicó las parroquias y triplicó el clero. A esto último
contribuyó el éxodo de presbíteros y religiosos procedentes de
la convulsionada Cuba.
El Obispo Carroll fundó parroquias a razón de cinco por año. En
1968 Miami se convierte en Arquidiócesis. El flamante arzobispo
continuó su ritmo arrollador, y cuando, agotado por el trabajo y
los años, llegó al final de su peregrinación terrena en 1977,
dejaba unas cien parroquias nuevas.
Los cubanos seguían llegando, a veces en números modestos, a
veces por millares, como en 1980, cuando salieron 125,000 por la
bahía de Mariel; también hubo otra riada de balseros en 1994.
Al mismo tiempo que llegaban cubanos, se hizo sentir el flujo de
haitianos y de latinoamericanos de muchos países. Los primeros
por mar; los segundos por la larga y porosa frontera mexicana.
Por vía aérea o legal también llegaban nuevos católicos. No
todos pobres. En los últimos años han llegado acaudaladas
familias de Venezuela y de Colombia.
La colonia hispana más antigua es, naturalmente, la
puertorriqueña. La más numerosa, la cubana. En cuanto a
dominicanos, hay una presencia sensible. Algunos han venido
directamente de la isla; otros se han mudado hacia acá después
de años en Nueva York u otras ciudades del Norte.
En cincuenta años, la Florida ha pasado de una sola diócesis a
siete. Ahora la Arquidiócesis de Miami tiene menos territorio,
pero cuenta con casi 900,000 católicos, atendidos en 111
parroquias y 7 misiones.
En cuanto a personal, los sacerdotes diocesanos suman 263 y los
religiosos 90. También ayuda mucho la colaboración de 160
diáconos permanentes, y no digamos nada de la presencia de 300
religiosas y 50 religiosos no sacerdotes.
La formación seminarística es rigurosamente bilingüe (inglés y
español), pero también se promocionan otras lenguas. Las
liturgias catedralicias, como la Misa Crismal, se celebran en
inglés, español y creole. Cuando el Arzobispo Favalora celebra
la Misa en el hospital católico Mercy, la liturgia llega a
cuatrilingüe, pues se añade el tagalo, lengua de los filipinos.
(Hay mucho personal médico procedente de ese país, el único
mayoritariamente católico de Asia.)
La feligresía hispana se siente bien atendida. Hay parroquias en
que es tan mayoritaria, que apenas se celebra algo en inglés.
(Por ejemplo, en la parroquia Our Lady of the Divine Providence,
no hay Misas en inglés entre semana. Hay una en inglés el sábado
en la tarde y otra el domingo; son las Misas menos concurridas,
y la feligresía la componen hispanos jóvenes que prefieren el
inglés.)
En español existen trasmisiones radiales por la emisora católica
Radio Paz. Además contamos con el periódico
arquidiocesano mensual, La Voz Católica, del que un
servidor se honra en ser un asiduo colaborador.
También en español se desarrollan las actividades de todos los
movimientos eclesiales principales, desde los ya antiguos
Cursillos de Cristiandad hasta los fundados más recientemente.
Para captar el carácter cosmopolita de esta ciudad, basta con
asomarse por nuestro Colegio de Belén. Comenzamos principalmente
para servir a los cubanos exiliados. Ahora hay alumnos de
muchísimos países, y no sólo de América Latina, sino de lugares
tan lejanos como Polonia, Pakistán, Israel, y muchos más.
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